sábado, 26 de noviembre de 2011

Escribiendo de día

Desde septiembre no escribo nada en el blog. Muy mal. Peor que en el abandono. Parece como si estuviera alistándome para alguna campaña política, o para el ejército, y por eso no he escrito nada.

Tantas cosas que contar, tanta weba de hacerlo. El día tras día, siempre aburrido, y no parece que exista más remedio que seguir igual, como zombi deambulando por las calles haciendo la misma diferente rutina diaria.

Esta mañana me falta talento. Las mañanas sólo deberían servir para desayunar y bañarse. Es imposible escribir con luz de día. Pero por alguna extraña razón, es a la única hora en que hoy tengo tiempo. Y ganas.

Puedo sentir que hay ojos mirando mis teclazos, mofándose en cada yerro que cometo, en cada error ortográfico, gramático o de pensamiento. Por eso debería prohibirse escribir de día.
Mejor de noche. Arropado con la oscuridad, no hay ojos que se tornen jueces, ni principios morales bailoteando en tu mente. Sólo bajo el ropaje de escribir en la noche, uno puede animarse a gritar en texto al mundo, "Ayer me besé con una chiquilla de preparatoria, que vestía uniforme azul con gris. Sus padres, a dos cuadras, esperaban su salida del colegio.". O vociferar "Anoche en mi viaje en el tranvía me hice el dormido para no ceder mi asiento a la señora con su bebé en brazos.". O tal vez confesar "La otra noche que salí a un bar con mi novia la hice enojar para que se marchara, sólo para quedarme a ver qué pasaba con el afeminado que me sonreía desde el otro lado de la barra". Son historias que sólo se pueden escribir de noche, no de día; y menos que las escriba yo, sobretodo tomando en cuenta que ni tengo novia ni viajo en tranvía. Es moralmente adecuado escribirlas de noche. ¡No está permitido escribirlas de día! Sonarían falsas, engañosas e inciertas.

Al escribir de día, uno siente el impulso de empezar su texto con algo como, "La mañana trajo una nueva ilusión a su morada". ¡Que hipocresía! Es como permitir que alguien más escribiera por ti. Que tu pluma la empuñara un inocente y pulcro caballero que viste planchado, que duerme sus ocho horas diarias y que jamás dice una mala palabra, creado por el aire fresco respirado de un nuevo día. Que asco. En cambio, al hacerlo de noche, acompañado del mejor de los tragos (que por cierto es el que tomas en ese momento), con el cansancio de la jornada, con el ímpetu del día frustrante, infructuoso y tortuoso, uno empezaría su texto así: "No dudaba que aquel día había sido el peor de su vida. Al pensar que mañana todo podría empeorar, sonreía". ¡Qué gusto el plasmar la verdad de tu sentir! La hipócrita mañana corrosiva que infecta tu visión, que te hace creer que el resplandeciente sol iluminará tu insípida vida, no debería influir en tu escritura. Ni en cuentos, ni en poesía, ni en tus ensayos. ¡En nada! Ni siquiera en tu vida.

A desterrar la mañana de nuestras vidas.
No cabe en los aprendices de escribanos,
de escritores, mucho menos de paganos.
La mañana solo debería servir
para tres cosas: leer el diario,
vestirnos de hipocresía
y despertar con alguien al lado.
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Escrito sábado a las diez de la mañana...

sábado, 24 de septiembre de 2011

La playita de Akumal

Pues ya de regreso. Dos semanitas en la playita de Akumal organizando el OSI 9 (Optics of Surface and Interfaces). Superchido... uno aprende un buen de cosas en estos congresos y sobretodo que uno no anda tan perdido. A veces cuando uno hace ciencia uno duda un poco de lo que hace, igual uno cree que sus resultados no le importarían a nadie. Pero luego cuando ves que hay gente haciendo cosas similares a las tuyas, compartes ideas y se consigue mejorar los trabajos.
Bueno, muy chido el asunto. Muy chido el lugar donde nos hospedamos. Ahí mismo se organizaron las pláticas. Pero muy cagado el asunto. Fue uno de estos hoteles gigantescos "all inclusive". Tragos, comida, refri, todo, todo, todo. Pero resulta que este hotel, como muchos, son de los que denunció en su momento La Jornada y muchos periódicos más, donde se vuelven playas privadas. Y así es. Para empezar como en todo hotel, sólo pueden deambular por ahí los que sean huespedes. Eso es obvio. Pero la playa resulta que es parte del hotel, tons no pueden andar por ahí más que los huespedes y los que trabajan en el hotel. O sea, los paisanitos del pueblo más cercano, nomás no pueden acercarse a vender sus chacharitas, ni a mover la pansita, ni ofreciendo mariscos, ni las pepitas o los de canasta. Todos los empleados del hotel, en todo momento te atienden con una enorme sonrisota. Un servicio excelente! Seguro a todos ellos les pagan una mierda y por eso pueden mantener a tantos. Y por eso los turistas se van tan contentos. Pinche atención de 10 que estoy seguro en ningún lugar del mundo!
El mar increíble... de pronto llovía y a los minutos salía radiante el sol... una pinche ginebra que de seguro costaba como 50 pesos la botella pero que era excelente!!!... el vino tinto de la casa una mierda, era boing de uva con tonaya... el vino blanco peeeooooor, autentico vinagre de vino blanco pa la ensalada... Las ruinas mayas que visitamos (no me pregunten cómo se llamaban porque ni me acuerdo); ahi tenías a los viejitos científicos pedaleando para ver las ruinas... la visita y nadada (aunque todos saben que yo no se nadar) al Gran Cenote... Superchido! La comida, excelente... los mariscos, la langosta, los cortes... estoy seguro que regreso como con 5 kilos de más... chinga, a volver a ser bulímico para bajarlos...
Le queda un paquetote a los alemanes que organizarán en dos años el siguiente OSI. La neta no les saldrá tan chido como nos salió este... Los viejitos científicos nadando en las albercas o en el mar... el partido de fut para cerrar el congreso... Aaaah y mi cuate Albert el argentino, que conocí en la disco... Próximo organizador de la siguiente convención en su casa "porque vos sabrás que tengo una barra que va de aqui a allá"... Y la belleza hermano, ¡la belleza por tooodos lados! Diooos, insisto, debería o prohibirse la belleza, o bien que sea obligado compartirla... ¡cuánta belleza, no mames! Y yo que soy un perfecto perverso, viendo y disfrutando la belleza alrededor... Superchido la neta!!!
Pero ya es tiempo de regresar... me hace falta disfrutar de mi música, cantar a Sabina, tocar mi guitarra, sentarme en mi sillón a leer, y obvio salir de antro... Jejeje sí la neta eso se extraña... Y de todo lo que uno aprende en estos congresos, me di cuenta que no es mi inglés lo que me hace falta practicar, sino dejar de ser tan calamardo y relacionarme más con las personas (como buen aprendiz de misántropo)... Es tan importante relacionarse como la investigación misma... Practicaremos en los antros... Haremos el enoooorme sacrificio... Total, no pasan que me digan "nos incomodas"... jeje, chinga... y para variar una noche en la disco a punto de cantarme el tiro unos weyes por "meterme con sus esposas"... chale, pos pa que las dejan solas!!! Eso me pasa por hacer favores y meterme con mujeres...
En fin, de regreso hay que retomar toda la chamba acumulada. A ver si nos damos la escapada para divertirnos un rato tras tanto trabajo en la playita de Akumal.

Presagios

Persiguiendo horizontes apareciste en mi vida. Surgiste distante entre céfiros lejanos. Sobre un rayo de luz nublaste mi conciencia. Traspasando mis sueños te acomodaste en un rinconcito, aquí cerca. Comiste de mi vida y dormiste en mi ser una mañana, muchas tardes y noches de espera.
De tu mano brotaron presagios, voces posibles de un jardín discreto donde tú y yo seríamos, por un instante, de amor eterno. Los presagios se hicieron, con el tiempo, pasado sereno. Lagos profundos, manantiales transparentes, con mi alma de fondo y nadando tus besos cuales peces multicolores.
Y de todos los presagios que tatuaste en mi cuerpo, omitiste dos importantes, consecutivos, inseparables: perder mi vida y que tú fueras mi única estrella; porque en cuanto fuimos uno, te dí mi vida a cambio de que te volvieras la mía entera.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Feeling on the rocks

Muros de arena se levantan,
tardes sombrías teñidas de sol
se entrecruzan y sangran,
gritando olvido sin voz.

Impetu de noche arroja pereza,
las olas se avecinan somnolientas
y la luna esta barca endereza,
extravío de rumbo alcanzado a tientas
por un pasado perdido de razón

Instantes como olas rompen sobre rocas,
aparecen tus ojos zurcando por mi oido,
dos últimos teclazos apurados a la netbook,
los hielos con el vodka golpetean mi boca
mientras aspiro a vivir pronto contigo
el idilio de beber un feeling on the rocks.

Que mañana el día decida
cómo escribo esta noche
del futuro de una noche
perdida en perdición.

domingo, 28 de agosto de 2011

México, un ejemplo para el mundo

México es hoy un ejemplo para el mundo. Todos los países voltean a ver nuestro presente y estudian nuestro pasado reciente. ¿Para qué? Para alejarse lo más posible de nuestro futuro. Para nunca acercarse a lo que México es hoy.

Somos la consecuencia del abandono de nuestro campo, del olvido en el futuro de nuestros jóvenes, de la esclavitud permitida en las maquilas, de la impunidad de los crímenes que se han cometido sin existir culpables y del desinterés de nosotros mismos hacia nuestra vida política y social. Hoy nos encontramos a donde nosotros mismos nos hemos llevado.

Pero por encima de todo, hay una razón general. La que cubre y emponzoña todo lo que toca. Que lascera y convive con nosotros en cada familia, en cada esquina, en cada rincón del país. Y hay que decirlo. Hoy nos encontramos "donde nos encontramos", por la corrupción.
Imposible negarlo. ¿Cuántas generaciones han crecido en este país con la ideología de "el que no tranza no avanza"? ¿Cuántas familias no han inculcado la importancia de "se chingó por pendejo"? ¿O "si no aprovechaste, qué pendejo"? Por ejemplo, un caso ideal:
- Fui tesorero de mi edificio durante un año";
- ¿Y cuánto te chingaste?;
- No, ¡nada!; todo fue derecho;
- Uy, pues que pendejo.
Cambiemos las últimos dos líneas por la respuesta común en nuestro país:
- Me los chingué con la mitad del varo.
- No pues sí. Yo hubiera hecho lo mismo. Cuando me toque...

Como sociedad tenemos muy enraizada la corrupción como un elemento social. Tal parecería que no podríamos hacer absolutamente nada sin la mordida. Alguna vez escuché al historiador Lorenzo Meyer externar la pregunta: ¿Porqué en México está tan arraigada la corrupción? El propuso que la corrupción está con nosotros desde la época de la conquista; leyes diseñadas por y para los criollos/españoles y que los indígenas jamás podrían cumplir. Fue una respuesta interesante de Meyer, aunque él mismo dijo que no lo podía entender bien.

Déjenme contarles tres historias de corrupción que recuerdo en este momento. Una vez platicando con un alumno, de esos faroles que se las dan de muy chingones, me contaba sus aventuras:
- Fijate pinche Hidalgo que la otra vez por mi casa, un wey de cablevisión que estaba trabajando dejó su coche abierto así de par en par.
- Uy pues a ver si no se lo chingaron, comenté.
- Pues claro, yo mero. Le chingué el rollo de cable y un equipo. ¿Como ves? A poco no fui chingón.
- ¡No mames!, protesté, ¿pero porqué se lo robaste?
- No, ni madres, no se lo robé. Me lo chingué por pendejo.
- Ni el rollo ni el equipo eran tuyos; eran del trabajador y tú se los robaste.
- Que no lo robé, me lo chingué por pendejo.
- Bueno y ¿para que quieres eso?
- Pues ya veré que hago, pero de mientras no me vi pendejo y me lo chingué.

Sí, esa urgencia de no ser pendejo haciendo que alguien más se vea pendejo es cotidiana en nuestras relaciones sociales. Otra vez, caminando por la calle recuerdo como un papá recagó a su hijo de 8 a 10 años porque había devuelto una cartera.
- Qué pendejo eres m'ijo, al menos, ¿te chingaste el dinero?;
- No papá, así se la regresé al señor como la recogí;
- Qué pendejo eres.
¿Tú crees que ese chamaco volverá a obrar bien? ¿Devolverá el cambio cuando se lo den mal? ¿Regresará los centavitos que se le acaban de caer a la abuelita y que no se dio cuenta? Sabiendo que en su casa, actuar de esa manera es "ser pendejo" jamás lo volverá a hacer, y tendremos, claro, ¡un ciudadano modelo!, criado en nuestras familias.

Y la peor de todas. Cuando daba clases en el CETis en una ocasión me abordó un papá con su hijo, un muchacho tranquilo pero flojo, preocupado por la calificación de su muchacho.
- Es que mi hijo lleva reprobados los dos parciales maestro.
- Pues sí. Tiene que ponerse a estudiar.
- ¿Y no habría forma de que me echara una mano?, me dijo cínicamente. Lo peor fue la manera en que el chavo se sintió incomodo ante lo que había dicho su padre.
- Claro que sí lo voy a ayudar; como a todos, le voy a dar chance de que vuelva a entregar sus trabajos, respondí haciéndome el desentendido ante la "propuesta". Pero el señor fue directo:
- No maestro, mejor nos arreglamos con una lana y ya estuvo con mi muchacho.
No pude evitar sonreirme. Y eso puso contento al señor. El chamaco, conociéndome tras dos meses de trabajo, apenas pudo verme a los ojos. Le dije al chavo:
- Si quieres pasar mi materia, entrégame de manera correcta todos los trabajos que te faltan y los que entregaste mal. En cuanto a usted, voltee a ver al señor, pues ¿qué le puedo decir...? Ya lo escuchó su propio hijo... Me dí la media vuelta y me fui.
El chavo no regresó a mi clase y no recuerdo si regresó el siguiente semestre. Supongo que no era la única materia en la que estaba mal. "Vamos a soltarles una lana a tus pinches maestros para que pases", seguro fue lo que dijo el sabio padre al pobre muchacho. ¿Qué podemos decir en la escuela cuando los propios padres inculcan esto?

Todos conocemos casos como estos o hemos caído en alguno. Desde pasarse un alto, manejar tu coche un día en que no circula, brincarse la verificación, colgarte de un diablito para tener luz, manejar sin licencia o dar una lana para agilizar un trámite. Yo creo que todos, o casi todos, hemos hecho alguno de los anteriores. Pero hoy debemos entender, que la próxima vez que seamos parte de un acto corrupto estaremos hundiendo más y más al país. Porque no hay diferencia entre soltarle 50 varos pal chesco al oficial si ando sin licencia o para agilizar mi papel en la delegación, que soltar 50 mil varos para que se cambie un uso de suelo, o soltar 500 mil varos para que todo un sindicato reciba menos prestaciones a cambio de más chamba, o recibir unos 10 mil dolares para que en la aduana esos trailers pasen sin pedo. No hay diferencia en el acto (aunque obviamente sí en las consecuencias, eso será materia de otra próxima entrada).

Debemos arrancarnos la corrupción como un mecanismo de nuestra economía, de nuestras relaciones sociales, ¡de nuestra sociedad misma! Si yo no acepto ser parte de un acto corrupto, entonces no permitiré que otros lo sean y entonces podré exigir. ¿Cómo puede ser posible que en México existan las Elba Esther Gordillo, los Vicente Fox, los Fernández de Cevallos, los Montiel, los Hank González y los Hank Rhon, los Creel, todos esos miembros de la clase política que son distinguidamente corruptos? Pues existen porque la sociedad en general los tolera. Los tolera porque muchos piensan que si se les permite a ellos hacer esos actos, a nosotros también se nos permitirá hacerlo cuando tengamos esas migajas de poder con las que soñamos y no seremos sancionados. Este es el pensamiento de la mayoría de la población, no el mío.

Es esa tolerancia al acto corrupto la que trae consigo el siguiente peor mal en nuestro país: la impunidad. Corrupción e impunidad juntas, nos han llevado al abismo en el que ahora nos encontramos como sociedad.

Calderón y el presidente que venga podrá militarizar cada esquina del país; pero si no hay una estrategia social ni cultural (que no la hay) para deshacer los últimos 40 años de destrucción nacional, no habrá futuro. Estaremos perdidos como sociedad y el Estado estará en peligro, como lo está ya en muchas partes del país. Tenemos que empezar ahora mismo por sanar el tejido social. Creo que un primer paso es arrancarnos poco a poco el problema de la corrupción. Tengo aun fe en que si lo logramos, habremos dado un primer gran paso. De abajo hacia arriba. Siempre. Los cambios no se hacen de arriba, siempre lo hará el pueblo mismo.

Comenten a ver qué opinan.


jueves, 11 de agosto de 2011

Puteado de vida

El amanecer surge. La alarma del teléfono suena como siempre a las 5 de la mañana. Trato de despertar restregándome las manos en la cara. Ese espantoso sabor acre en la boca aparece. Otro día vacío. Otro deambular sin rostro. Otro mismo horizonte.
Me siento al borde de mi cama y te busco sin mirarte. Me falta tu mano. ¡Cómo sueño con tu mano! Y tu espalda, tu erótica espalda. Y ahora que la sobriedad golpea mi mente, sé que es absurdo tratar de recordarte. ¿A quién añoro? ¿Por quién sufro?, si mi cama ha sido visitada tantas veces que soy incapaz de recordar tu rostro, menos tu nombre. Dudo que me lo hubieras dicho. Yo un día soy Paco, al otro Javier, otro Israel; incluso Saul un día que me sentí misionero. Y todo acaba igual. Compartiendo el lecho, sea el mío o el ajeno con quien sea. Ebrio, drogado, solo, trasnochado, perdido, hundido sin remedio. Abandonado a mi suerte, como desde que tuve veinte. Y ahora busco un nombre. Un nombre al rostro que no distingo.
Puteado de vida. Sudo conciencia. Hurgo en mi mente buscando razones que me impidan volver a pisar los sitios que frecuento. No recuerdo ni una. No recuerdo ni dónde estuve anoche. Pero hoy milagrosamente no desperté tirado en la calle, o a los pies de una cama desconocida, o en un rincón de mi propia casa sollozando, abrazando alguna vacía botella, con el vómito endurecido en mi camisa, con mis hojas de poesía empedernida vertidas a mis pies, entre mis libros, fieles acompañantes en mi día a día. Ni pateando la puerta al vecino, ni insultando al primer pobre diablo que se me cruzara enfrente. Ni tampoco con un ojo cerrado o el hocico roto. Ni tampoco en prisión.
"Al menos podré ir al trabajo", me digo a mí mismo. Mas cuando me incorporo, todo da vueltas, la cabeza punza y mi vista se nubla: el alcohol vuelve a ascender por mi mente, castigándome, cegándome, embruteciéndome. Sigo ebrio. Me golpeo con la puerta del closet, piso alguna cosa extraña que permanecía en el suelo y caigo irremediablemente. Contemplo la basura que me rodea. Basura acumulada durante días, semanas, meses. Vasos, botellas, papeles, empaques de comida, algunos vacíos, otros aún con comida. Nada recogido. Yazco en un basurero y contemplo mi vida.
Y ahora, en una ráfaga de sobriedad me inundan los pendientes que tengo en el trabajo. Dar clase de 8 a 10 de Mecánica Estadística, una conferencia magistral en 2 semanas, terminar 3 artículos y reuniones con mis estudiantes. Tantas cosas banales, vacías al final y ninguna digna de ser mástil de mi barca, de ser ancla en mi vida. Nada que distinguiera en mi embarcación su propio barlovento o sotavento, nada que guiara mi frágil barca a puerto seguro. Ninguna por la que me dé alegría despertar y mantenerme consiente. Mejor mantenerme ebrio.
Y en medio de todo, sigo sin distinguir tu cara. ¿Por qué sigo pensando en tu cara? Creo que dejaste tu número en el buró. Con prisa insegura, manoteo sobre la pequeña mesa tirando todo lo que existía sobre ella, hasta encontrar un papel minúsculo, pero escrito con una letra ajena a la mía un número. "Llámame", recuerdo que me dijiste mientras cubrías ese par de alas tatuadas en tu espalda y te disponías a marchar. Sí, aquí está. Marco los 10 números escritos con tu puño y letra. ¿De dónde sacaste la pluma para escribir?, me pregunto. ¿Cuántos días han pasado desde que dejaste este angelical regalo? Reconozco tu voz al contestar y tu rostro, en mi mente, se ilumina de pronto. "Eres un ángel", recuerdo que te dije en la barra de ese bar oscuro, perdido a la vista de Dios, donde lo último que alguien encontraría a esa hora sería un ángel verdadero. "Y pronto sabrás porqué", contestaste. "¿No podías llamar más tarde?", me reclamas y cuelgas. Y el silencio cae de nuevo a mi lecho, frío, oscuro, inquebrantable, con el bip de low battery del celular resonante.
Otro día vacío. Otro deambular sin rostro. Puteado de vida, a seguir me dispongo. Todo sería más fácil, si volvieran unos labios a besar mis ojos.

domingo, 10 de julio de 2011

Esos de la sub17 también son ninis!

Los chamacos sub17 son campeones del mundo. Y también son nini's los cabrones: ¡ni se achican ni se cansan! Como scrapy's aferrados, peleando cada balón, con valor, con fuerza en cada jugada, con labor de equipo, con disciplina, y con técnica. Pero sobretodo con unas enormes ganas de hacerlo bien, de lograrlo y de saberse que no son menos que los demás. Los alemanes, los franceses, uruguayos, quiénes sean, ¡somos 11 contra 11 y a ver de a cómo nos toca! Pinches chamacos... ¡¡¡Jugaron de 10!!! ¡¡¡Bien ganado!!!


Y la neta también el reconocimiento al Potro. ¡Pinche Potro Gutiérrez! ¡Chingón, como cuando jugaba en el Atlante! "¿A dónde llegarán estos muchachos?", le preguntaron, "vamos por la copa del mundo", contestó seguro. Casi cualquier director técnico responde eso, pero cuántos pueden presumir de haberlo hecho, y de la forma en que lo hizo su equipo. ¡Bravo Potro! Y la neta el reconocimiento de saber disciplinar, dirigir y respetarse por una parvada de adolescentes que seguro nomás piensan en viejas (en sus broncas personales, de esas que se tienen a los 17's). Se supo plantar frente a ellos y hacerles creer que si hacían lo que él les pedía, el triunfo sería suyo. Y eso, ganarse la confianza de unos gamberros no es nada fácil. ¡Bien por el Potro!

Y la neta no faltarán los cerdos que van a tergiversar el triunfo. Saldrá el espurio diciendo que es una muestra de lo que pueden hacer nuestro jóvenes, luego saldrá el pendejo de Lujambio hablando de que es el resultado del apoyo que este gobierno le ha dado a los jóvenes, y así escucharemos una sarta de estupideces tras otra. Hay que hacerle un estudio socioeconómico a esos chavos. Vamos a ver cuántos de ellos tienen que preocuparse por llevar el pan a su casa, si cuentan con drenaje, qué nivel de estudios tienen, etc. Y cuando veamos los resultados, sabremos que estos chavos no son en lo más mínimo, el promedio de su edad en este país. Porque lamentablemente en este país, en promedio los chavos de 17 años tienen dos chances: o se van de mojados o se meten al narco. No tienen chance de andar pensando en meter un gol en la final de un mundial en el Azteca, porque les recuerda a cada la rato la pansa que el hambre llama. Y sin apoyo a los chavos, lo entendamos o no, cualquier sociedad se irá a la mierda. Seremos una sociedad NiNi: ni futuro, ni esperanza.

domingo, 3 de julio de 2011

Nuestros pasos

Nuestros pasos,
que una vez andaron juntos,
hoy acaso
no se miran, no se tocan,
no distinguen
sus siluetas de las sombras.

Lo que fue dos,
perfecta unión del tú y yo,
se ha borrado,
ni siquiera algo lejano,
ni vacío,
sólo olvido desolado.

Nuestras huellas,
los días las desdibujan,
y el silencio
las carcome, las inunda
de tu orgullo
al no decir palabra alguna.

Yo quisiera
que estos fueran, de mis versos,
los últimos
que a tu corazón escribo,
mas tus labios
siguen besando los míos.

domingo, 26 de junio de 2011

Mirando hacia otros campos

El pedo en la vida es tomar decisiones. Cuando estás chamaco y te llaman "inmaduro", "te falta crecer", "cría" o "estas chavo", tiene que ver justamente con la toma de decisiones. No directamente con el hecho de tomarlas, si no de tomar las adecuadas.
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En septiembre de 1991, con mis primeros quince veranos a cuestas, pisé el CETis 8. Lo conocía por fuera desde años atrás. Ahora iba a estudiar ahí. ¿Quién diría que pisaría sus aulas y pasillos durante los siguientes 20 años? 20 años. No mames, ¡20 años! ¿¿¿¡¡¡Y Gardel y Lepera se atrevieron a escribir "que 20 años no es nada"!!!!???
Con 18 años y recien salidito del CETis, curtido en mate y física, en 1994 me ofrecieron quedarme a dar clase. Siempre me gustó dar clases y las venía dando (las clases) desde semestres atrás. Y así empezó esta historia, hace 17 años. El profe de mate y física era un chamaco (que se veía como de 25 años) que sabía de lo que hablaba y era un negrero. Hablo de mí mismo por supuesto. Estudiaba y daba clase. Tenía a mi novia (Dios, que nadie lea esto), un salario fijo, autoridad y respeto (aunque más usaba la primera que presumía de la segunda). Curiosamente hice más amigos ahí que en la universidad. La primera generación a la que le dí clase, los chamacos en promedio tenían mi edad: estaban los chavillos de 14 años, inocentes como yo, y los gañanes borrachos y corridos hasta de 30.
Eso fue hace muchos años. Hice muy buenos amigos en el CETis, entre maestros y de los que fueron mis alumnos. A la inmensa mayoría de alumnos que se hicieron mis amigos, pues ya no los veo. En el río, peces van y peces vienen. Pero unos cuantos coincidimos de vez en cuando en el mismo fondo del vaso. ¡Qué gusto! ¿Puedes creer que hubo una época en que no bebía alcohol? En aquellos años, cuando tenía 20, sólo tomaba una copa para no desairar a quien me la ofrecía, pero me sabía tan asqueroso cualquier clase de alcohol que no podía entender a quién podría gustarle eso.
Y así pasaron los días, los años y las generaciones; las mujeres, los amigos, los hombres y los gustos; los coches, los celulares y las canas; los que llegaron y se fueron y los que partieron a donde todos iremos un día; también llegaron los kilos de más y los prejuicios de menos; conocimos el amor, el desamor y el sexo con amor y sin amor, que casi nunca es amor pero siempre es sexo; la paciencia y la juventud, esas, nunca se fueron, porque al menos conmigo nunca estuvieron.
Y hay que decirlo, llegaron los títulos, los reconocimientos y los papers; y con ellos, los nuevos intereses. Hoy, a unos días de cumplir 20 años de haber pisado por primera vez al CETis 8 y a 17 de ser "el profesor Hidalgo" (jeje, el maistro Hidalgo me caga), es momento de recoger las canicas y decir "orita regreso". Y a ver si como cualquier buen Tobías, no regresamos. No es que no nos sintamos a gusto. Sólo que hay que probar otras cosas, eso que los bisexuales (y los polígamos) saben y disfrutan perfectamente (casi los envidio).

Irnos a otros rumbos,
a probar otras fortunas.
Quizás no haya ni una,

pero al menos intentarlo.
Porque peor a no conseguir algo,
resulta ser ni siquiera intentarlo.

Así pues, la decisión se ha tomado.
Veamos cómo se pinta el futuro
ahora que los dados se han lanzado.

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Mirar hacia otros campos,
dormir bajo otros cielos y
abrazarse en otros brazos,
que al final en esta vida,
uno siempre será uno mismo
sin importar quién te esté mirando.



PacoYago

miércoles, 15 de junio de 2011

Hablemos del amor

¿De qué hablaremos hoy? ¿De la resaca a cuestas que traigo en miércoles? ¿De los arrebatos valentones del espurio? ¿De la inocencia de Hank Rhon porque todo el circo lo hicieron mal? ¿Del gasolinazo, del triunfo de los Mavs, de la gira pospuesta de Sabina? ¿De mi incremento sustancial de consumo de alcohol?

Naaah, hablemos como dice Raphael, "hablemos del amor".

El amor, ¿cuál amor? Ciertamente como dice el Dr. Hiblert de los Simpson: "qué clase de amor, ¿el amor de un hombre por un buen tabaco?" Ah, ese sentimiento casi espiritual que todos sentimos alguna vez. Alguna vez al menos. Lo sienten los niños. También los adolescentes. Lo añoran los adultos y lo recuerdan los viejos. El amor, para algunos, el sentimiento más puro; para otros, la utopía más absurda.

Pero, ¿porqué amar? ¿Porque hacerse amar? Cuando uno ama se vuelve vulnerable de esa persona a quien ama: nada importa, sólo tú. Que digan los demás lo que quieran, lo único que me importa es lo que tú digas. Es entonces amar, deponer las armas de la defensa, entregar al ejército triunfante el estandarte de nuestro corazón. Es una invasión enemiga, que se vuelve estigma, que perfora y hunde sus cimientos en nuestra vida. Dejamos de ser propios, nuestros dueños, para ser suyos, propiedad, pertenencia, hasta que quieran.

Porque cuando amamos, dejamos de ser uno. Y pasamos a ser dos en uno mismo. Ya no pienso para mí mismo ni por mí mismo. Paso a pensar por dos. Entonces, también amar es compartir. Compartir tiempo y espacio. Mi vida es tuya y espero que la tuya sea mía. Mi ritmo de vida lo dicta el tuyo. Dejo de ser "yo", para volverme "nosotros". Respiro porque tú respiras; canto porque a ti te canto; soy yo por que eres tú de mi, ahora y siempre. Camino porque mis pasos me llevan a tu sino. Duermo porque estarás ahí conmigo, cuando despierte, al amanecer.

Y amar además es vida. La vida que me das porque sé que me amas, y me amas porque me das vida y vivo para que me ames toda la vida. No más. Y si un día dejas de amarme, regrésame la vida, porque con tu partida mi vida no es vida sin tu guía. Porque amar, junto a ti, mi vida, la rosa es más rosa, y tras tu sonrisa el sol se esconde mientras tú me realizas. Que se cierren estas cuatro paredes, porque en tu vida, con tu mirada, no hay muros ni barreras que me aprisionen ni que eviten decir que me amas y con eso llenas de vida mi vida, al igual que cuando digo que te amo.

Y el amor ciega. Desborda pasiones inundando razones que te mantedrían alerta y en sigilo. Y ciego de amor, miras luceros, miras montañas lejanas que, con sólo desearlo, escalas porque en la cima está el anhelo deseado, el sueño prohibido que despierta en su mano. Y ciego de amor, te adormeces, sufres heridas mortales y tú ni siquiera palideces, todo se vuelve nada y la nada se vuelve todo, porque de pronto, tú lo eres todo y tú lo iluminas. Y cegado besas, y ciego tocas, y ciego gritas a las mil voces "te amo mi vida", y ciego darías la vida por quien se ha vuelto hoy tus ojos.

Es cierto esto que digo del amor. Y del amar. Todos debemos, alguna vez al menos, amar. Yo amo. Hoy amo. ¡Estoy enamorado! ¡Todo lo que escribí arriba te lo digo hoy a ti! Y aquí lo reafirmo:

Te amo y no te dejaré nunca, espero que tú tampoco me dejes, mi motivo, mi único, mi querido alcohol.

Jeje pinche borracho. Para que veas lo que me haces escribir. Bendito sea el alcohol.
¡Venga Raphael!